Martín Weinstein

Uruguay y la lucha por los DDHH: algunas reflexiones de Martín Weinstein

La lucha por los derechos humanos en el Uruguay a mediados de los años 70 nos dice mucho sobre la política en general, sobre la de USA hacia América Latina en particular, y sobre las posibilidades que tenemos cada uno de contribuir al cambio.

A mí me metió en esa lucha Luisa Popkin, a través de una llamada telefónica que recibí de ella en 1974. Luisa me impulsó al activismo diciéndome que había leído mi libro: Uruguay: la política del fracaso, y que una persona que sabía tanto del tema como yo no podía mantenerse al margen.

Ella me sugirió que hablara con Joe Eldridge y la gente de WOLA y casi en seguida, me encontré colaborando para un análisis a fondo de los intercambios sobre Uruguay entre varios congresistas interesados en el asunto y oficiales del Departamento de Estado entonces regenteado por Kissinger. A raíz de ese trabajo, fui invitado a hablar ante el Congreso (en julio del ’76) sobre la política exterior de USA y los derechos humanos en Uruguay.

Dicho testimonio contribuyó a la aprobación eventual de la enmienda Koch y representa para mí, uno de los mayores orgullos de mi vida profesional. Sin embargo, en Uruguay me valió una declaración de persona non grata, llegando el diario El País al extremo de confundirme deliberadamente con German Wettstein para poder decir que yo era uruguayo de nacimiento, residente durante muchos años en el exterior y por ende, como “acusador principalísimo de nuestro país”, traidor.  Al parecer, no fueron capaces de dar con mi partida de nacimiento de Nueva York.

A lo largo de esa época también colaboré con un grupo de exiliados uruguayos en Nueva York y Nuevo Jersey.  Juntos publicamos “Desde Uruguay”, especie de boletín que difundía noticias sobre las violaciones a los derechos humanos y la desastrosa política económica del régimen de facto.  Mucha gente se jugó la vida para conseguirnos los datos que sacamos allí.

Durante las audiencias ante el Congreso, yo había conocido a Wilson Ferreira Aldunate estando vinculado a la Comisión Linowitz sobre Relaciones Latinoamericanos-Estadounidenses, lo invité a dirigirse en Nueva York al Subcomité sobre Derechos Humanos de aquel organismo. Nunca habré de olvidar la dignidad y elocuencia de sus palabras aquel día. (Para los que puedan no conocerlo, Linowitz fue un destacado jurista, embajador de Kennedy a Chile y figura clave en el Partido Demócrata en materia de política exterior.

El informe que sacó la Comisión Linowitz en el’76 fue la hoja de ruta para la política de Carter hacia America Latina). Durante esa misma época, también tuve el honor de colaborar con William Wipfler del Consejo Nacional de Iglesias, quien además encabezó en NY el comité asesor para USA de la campaña mundial de Amnistía Internacional para la abolición de la tortura en el Uruguay—campaña por la que en 1976, se le otorgaría a Amnesty el Premio Nobel de la Paz.

Como todos sabemos, estas actividades ayudaron a salvar vidas y darle esperanza a la gente, aunque la dictadura militar duraría hasta mediados de la década de los 80. Yo volví a Uruguay justo después de las elecciones del ’84.  Encontré un país en ruinas, con gente pidiendo en las calles.  Pero también encontré muchísima buena voluntad entre los uruguayos que conocían mi actuación al lado suyo en la lucha por los derechos humanos.

Con buen acceso al nuevo gobierno y a los partidos politicos nuevamente en actividad, pude escribir mi segundo libro: Uruguay: en el cruce de la democracia. Ese libro abarca la historia de la dictadura y la transición a la democracia.  Termina hablando de una nueva lucha por los derechos humanos:  la recolecta de firmas para el referendum sobre la Ley de Caducidad.