Crónica de Raúl Acevedo en LR21

En “Sabotaje a la verdad”, la periodista Florencia Melgar Hourcade construye un prolijo y revelador trabajo,

destinado a discernir el motivo del fracaso de la investigación parlamentaria que -hace dos decenios- procuró esclarecer los deleznables asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruíz.

En este extenso libro de sesgo testimonial, la autora mixtura la pesquisa periodística con la recreación histórica de hechos que conmovieron al país y a la región, durante los años más oscuros de nuestro pasado reciente.

La obra se desarrolla en dos estadios temporales: la época en la que se registraron los desgarradores sucesos y el período de post dictadura, cuando se desarrolló la investigación parlamentaria que procuró esclarecer  sin éxito- los magnicidios de estos auténticos mártires de la lucha contra la tiranía.

La tarea, que se extendió entre 1985 y 1987, se frustró por la misteriosa filtración hacia un medio de prensa funcional al poder de turno, de declaraciones de carácter reservado.

La primera parte de este libro revela la plausible intención de Florencia Melgar por situar al lector en el contexto histórico de la dictadura y aún antes del golpe de Estado del 27 de junio de 1973.

Sin embargo, un cierto desorden en la presentación del material recabado quizás no totalmente imputable a la autora, conspira contra una adecuada interpretación de las relaciones de causalidad que confluyeron en la ruptura institucional.

De todos modos, como la mayoría de los sucesos reconstruidos son bastante conocidos, esa situación no es óbice para la comprensión del tema.

En este primer tramo de su arduo trabajo, la joven colega recrea minuciosamente los asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruíz, cuyos cuerpos sin vida fueron hallados en mayo de 1976 en Buenos Aires, junto a los de los militantes William Whitelaw y Rosario del Carmen Barredo. Pocos días antes, todos habían sido secuestrados por un comando que operaba en el marco del Plan Cóndor.

Los cadáveres, como se sabe, aparecieron acribillados a balazos y además presentaban visibles signos de salvajes torturas. Parte del informe forense reproducido en este libro, confirma la patológica brutalidad y el odio de los captores.

Obviamente, la autora incluye declaraciones y cartas de la época, que corroboran inequívocamente la aviesa naturaleza de los crímenes y el burdo intento de ocultamiento y tergiversación de los hechos, ensayado por los gobiernos dictatoriales que detentaban el poder en ambas márgenes del Río de la Plata.

La investigadora anticipa algunos testimonios contemporáneos, con el propósito de aproximarse a la verdad histórica. Entre los aportes incluidos en esta obra sobresalen las entrevistas realizadas a ex represores, que arrojan aun más luz sobre la coordinación binacional del terrorismo de Estado que operó en la región.

Extrapolando acontecimientos del pasado con interpretaciones realizadas veinte años después con la perspectiva que otorga el tiempo, la autora rediseña el escenario del último tramo del período dictatorial y los primeros dubitativos pasos de la democracia recuperada.

Ello permite inferir que, entre 1985 y 1986, el clima de tensión y desconfianza entre civiles y militares coadyuvó al bloqueo de las investigaciones de las violaciones de los derechos humanos y fue abonando el terreno a la impunidad institucionalizada durante la primera presidencia de Julio María Sanguinetti.

Los testimonios aportados e incluidos en este libro resultan inequívocos respecto a la permanente obstaculización a los esfuerzos por esclarecer los crímenes y a la actuación de la justicia civil.

Imbricando varios tiempos históricos simultáneos, la joven comunicadora logra armar el complejo corpus de su trabajo, con el propósito de arrojar luz sobre varios aspectos oscuros de este auténtico complot contra la verdad.

En la segunda parte de esta obra, que es sin dudas la más sustanciosa y reveladora, la escritora ingresa en los aspectos más escabrosos del tema, cuando recrea la indagatoria legislativa de la comisión parlamentaria de la Cámara baja que actuó entre 1985 y 1987.

Obviamente, por ser esta la llave para la comprensión del texto en su globalidad, la autora recuerda la infidencia que originó la publicación en el diario “El País”, de las actas 34 y 35.

Esta documentación, que según lo pactado era secreta, contenía los testimonios de dos mujeres que aportaron vital información para el eventual esclarecimiento de los asesinatos.

Luego de esa filtración, que dio por tierra con el compromiso de reserva absoluta, la investigación se desdibujó hasta naufragar totalmente. Como la información de prensa aportó pistas a la identificación de las declarantes, esta circunstancia intimidó a otros eventuales testigos, en un momento en el que el fantasma del miedo aún planeaba ominosamente sobre el país.

Sin afirmar explícitamente que hubo realmente una conspiración destinada a abortar la investigación legislativa, la joven colega construye un complejo entramado de eventuales implicancias, al reproducir el itinerario que siguieron las actas testimoniales.

Las copias tuvieron varios destinos fuera del mero ámbito parlamentario: el Poder Judicial, el Poder Ejecutivo y, a través de éste, el Ministerio de Defensa Nacional, e incluso el supremo tribunal militar, que, como se sabe, actuó como una suerte de inquisición durante la dictadura.

Cualquiera de estos centros de poder pudo ser la boca de salida de los documentos y el origen de la inoportuna pero deliberada infidencia, que desacreditó la confianza en la comisión y truncó la indagatoria de los horrendos homicidios.

Las posteriores actuaciones no lograron identificar al o los infidentes. Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos permite formular numerosas hipótesis y pone bajo sospecha a varios actores políticos de la época, interesados en arrojar un manto de olvido sobre lo sucedido en mayo de 1976.

Florencia Melgar recoge testimonios de políticos, ex parlamentarios y hasta de periodistas –incluyendo al autor de la polémica nota– que habilitan diversas lecturas acerca de las reales motivaciones que indujeron al matutino a publicar un material que, por razones obvias, no fue difundido por otros medios que también tuvieron acceso a él.

Las opiniones se dividen entre la condena y la justificación, aduciéndose, en algunos casos, el eventual interés periodístico del tema.

En más de un sentido, el abordaje del espinoso asunto roza la ética periodística, por la naturaleza y la particular sensibilidad de la materia abordada.

La autora, que se abstiene de emitir juicios de valor de carácter personal en torno a la controversia, prefiere, en cambio, que sean sus propios interlocutores que hagan las interpretaciones. En la mayoría de los casos, las posturas están impregnadas de un fuerte tinte político y una obvia subjetividad.

La joven comunicadora elabora un maduro razonamiento acerca de la relación entre los actores políticos, los medios y los periodistas, estableciendo las diversas motivaciones de uno y otros en el manejo de la información, los inevitables “canjes”, los pactos de reserva y los compromisos. Todo ello forma parte de un código no escrito, que es, sin embargo, un ejercicio recurrente.

La autora también reflexiona sobre la imprecisa frontera que separa la objetividad de la subjetividad, el eventual ocultamiento y la manipulación de los insumos informativos.

Su alegato, que se nutre básicamente de las conclusiones emanadas del escenario planteado en el curso de la pesquisa, refiere a la habitual dicotomía existente entre lo real y lo
ideal, el interés personal, sectorial y hasta corporativo.

Al margen de algunos inconvenientes iniciales respecto a la presentación del material recolectado, Florencia Melgar demuestra una plausible intención de avanzar hacia la verdad, mediante un trabajo arduo, honesto y bien documentado.

Uno de los mayores méritos de esta obra es que la autora se abstiene de la habitual tentación de inducir las conclusiones del lector.

Más allá de las versiones encontradas aportadas por algunos de los protagonistas de la época, la mayoría de las hipótesis confluyen en un mismo sentido: la filtración partió desde algún resorte del poder de turno, con el propósito de frustrar la investigación.

En síntesis, este libro constituye un valioso aporte al debate y la reflexión colectiva, acerca de la aún no totalmente demolida arquitectura de la impunidad. *

(Editorial Planeta)